domingo, septiembre 28, 2008

I. -

Yo no soy yo, vaya por delante. Hoy no lo soy. Pero tampoco es definitivo lo que estoy asegurando, porque cada uno de nosotros somos nosotros mismos y un montón más con sus peculiaridades, diferencias y matices. Tenemos almas gemelas, seguro, en las que no estamos muy dispuestos a reconocernos del todo, y ¡ojala sí lo fuéramos y pudiéramos hacerlo!, pero ellas si creen reconocerse de vez en cuando en nosotros, y qué lamentable para ellas. En fin, que somos una calamidad. Que todos nos creemos únicos y somos iguales, y repetidos, y algunos angustiosamente angustiosos pero, lo dicho, iguales a fin de cuentas; y esto último me viene a la cabeza porque acabo de leer una sentencia de un filosofo pakistaní con la que no sé si estoy del todo de acuerdo, y dice: “La mayor felicidad es la de no haber nacido”… No, no lo estoy. Definitivamente no estoy nada de acuerdo. ¿La vida no es la intranquilidad, la infelicidad y el riesgo? ¿La vida no es la posibilidad, el sufrimiento, la reparación, la frustración? ¿La vida no es también la opción libre de sobreponerse, de intentarlo, de poder hacerlo, de recuperarse? Caray, ¿cómo se puede decir que la felicidad es dejar de asumir tanta precariedad, tanta contingencia, tanta probabilidad de error, tantas y tan variadas posibilidades, a cuál menos buena, pero todas ellas interesantes y ricas en matices? Bien pensado la vida es un privilegio para quienes pudiéramos estar abiertos a cualquier situación y no nos dejamos desconcertar, o lo intentamos, por lo imprevisto. En fin, que la vida es un milagro, aunque para mí sea una desazón permanente porque nunca llego a encontrar la nota que, presumo, debiera seguir a la anterior en mi pentagrama, y así me luce el pelo: soy ordenado, reglado, previsible, sin margen para la sorpresa, y si no soy así del todo, al menos lo he intentado siempre. Pero como esto es otra historia voy a seguir con mi razonamiento.
No sé si hoy yo soy yo, aunque haya asegurado lo contrario anteriormente, pero tampoco me importa demasiado. El caso es que no hablando de mí, sin embargo, me siento enfadado, agredido, indefenso, supeditado y violentado. En fin, vencido sin confrontación alguna que pueda motivar esa sensación, y además sin remisión.
Me explico. Yo, que no soy yo o creo no serlo ni como sujeto principal ni como copia convertida en alma gemela, soy un ser cultivado, reflexivo, contundente en mis criterios, pero abierto cuando se trata de los demás, cuando los demás son espíritus dispuestos a salir de si mismos para desarrollarse y crecer; y si además son capaces de volar después, pues mejor que mejor. Yo soy un ser hermético y nada flexible conmigo mismo, pero abierto a los cuatro puntos cardinales con respecto a los demás.
¿Contradicción? ¡Ninguna! Tengamos la amabilidad de escrutarnos. No asumamos ser lo que no somos porque los demás nos definan así. Somos racionales, y como tales: ¿creativos, imaginativos, incluso inteligentemente cambiantes? -(la verdad es que no me atrevo a quitar los signos de interrogación aunque desvirtúen totalmente mi pretensión de afirmarlo, pero, ¿qué le vamos a hacer?) - . Si tú eres tú siempre y de la misma forma, pues eso que seguramente es perfecto para seguir respirando cada minuto del día sin sobresaltos, seguro que también es perfecto para que te puedas percatar que seguramente estás felizmente muerto, y también esto debe tener sus ventajas, seguro. Ya sabes, lo digo por aquello de que no suele haber más paz duradera que la de los cementerios. En lo demás siempre hay una tensión evidente, una guerra más o menos fría que librar, una “entente cordiale”, que nunca llega a ser “entente”, porque es imposición unilateral, y mucho menos que “cordiale”, porque si es imposición hay sometimiento y claudicación, y nunca aceptación.
Pero a lo que iba.
Yo si he vivido. Argamenón a mi la dado es un pardillo que no sabe ni de lo que habla, y lo intuye o lo adivina o se lo inventa, que de todo, imagino, hay un poco. Argamenón me da la sensación de que habitualmente compone la figura y casi nunca se queda el tiempo suficiente para ver que ha pasado. Seguro que está muy seguro de si mismo. O, qué sé yo, a lo peor es que ya ha aceptado su propia derrota y no le queda más que el resquicio de apuntar una tibia y delgada línea de pensamiento apuntalada entre grandes y vacías palabras por si pudiera vislumbrarla alguien y, tras interpretarla debidamente, pudiera sacar conclusiones para si mismo. Incluso, pienso, que le importa un bledo que pudiera haber ese alguien. Yo no, yo he vivido, lo he vivido y he sobrevivido a ello. No puedo asegurar que haya salido indemne de la confrontación, pero por lo menos aquí estoy, si no para contarlo con pelos y señales, que tampoco es esencial, si para afirmar que estoy, que es más que suficiente.
Yo he sobrevivido a mi culpa. Estoy enterrado en vida, eso sí; pero aquí estoy. He sobrevivido al juicio adverso, al calificativo negativo, al dedo acusador. He sobrevivido a la memoria demoledora, esa en la que se anota con pelos y señales los momentos más tristes de nuestra historia, cuando por mil razones o por una sola no hemos sido como somos, o hemos hecho lo que nunca quisimos hacer. La fotografía de la imagen que nunca quisimos ver de nosotros ha quedado grabada a fuego en esa memoria justiciera, y con seguridad, incluso, manifiestamente mejorada para el fin pretendido: realzar nuestra culpa.
Tengo un pasado al que he tenido que sobreponerme. Ni mejor ni peor del de otros muchos. El mío. Y no lo he vencido, aunque reconozco que nunca pretendí hacerlo porque nunca he sabido por qué tenía que haberlo hecho. Sólo he sido capaz de sobreponerme, que ya es más que suficiente. Las cicatrices están dentro. No se ven, pero están ahí y me limitan la movilidad mental, que es la única que me importa, y soy consciente de ello y por ello escribo lo que no quiero escribir, aunque los demás lo encuentren genial. Y asumo mi pasado, porque aún no siendo acomodaticio, tampoco soy beligerante. Se lucha contra la injusticia, contra la adversidad, incluso creo que también podría lucharse, que yo no lo hago, contra quienes caprichosa o interesadamente nos niegan, pretendiendo privarnos del derecho a equivocarnos, que debe ser como el derecho más elemental e irrenunciable que nos asiste en esta vida. No se lucha contra lo que en uno se reproduce genéticamente o que se asume por mimetismo, incluso por reacción, porque toda reacción tiene algo de violento y toda violencia es irracional. No se lucha, porque no se puede luchar contra las propias raíces, las propias taras que surgen de vez en cuando como marcas de nacimiento, las propias reglas del juego que uno acepta, sean o no acertadas. No, no se lucha contra ellas. Se asumen y se sobrepone uno a ellas recortándolas, como con los toros, con mucho valor y con la mejor o peor fortuna que nos depare la suerte en cada momento.
Yo soy yo y mis circunstancias. Mis circunstancias son mías y me configuran para bien y para mal. Pero mis circunstancias forman parte de mi mismo a pesar de mí y a pesar de que sean simplemente temporales, circunstanciales, incluso algunas ajenas. Cuando son utilizadas por los demás para arrinconarme, supeditarme y condicionarme ya son otra cosa. Entonces se convierten en armas arrojadizas utilizadas de mala fe capaces, muy capaces, de destrozarme no por si mismas, que como los fantasmas interiores hay que reconducirlos y domesticarlos, sino porque ya no son lo que fueron y adquieren entidad y carta de naturaleza por si mismas.
Pero dejemos de dar vueltas a las vueltas.
Alguien hablaba recientemente del perdón y de sus reglas, y no voy a entrar en tan sublime discusión porque siempre he estado al otro lado de la cuestión. Siempre he sido la causa de ese posible perdón. Siempre he tenido y tengo la sensación de que mi comportamiento ha dado lugar al nacimiento de grandes sentimientos en los demás: el del perdón, el de la redención, cuanto menos el del mirar a otra parte condescendientemente y con un cierto tufillo benévolo; casi nunca el del disimulo sincero, que debe ser algo así como el auténtico perdón de los religiosamente no ortodoxos. Siempre he percibido en mi insignificancia el estigma de la culpa, y esa culpa es la que genera el sentimiento y necesidad de la reparación y de la compensación.
Creo que no es fácil diseccionar determinadas cuestiones. Que no es fácil situarse debidamente y en el punto exacto que pudiera darnos una visión correcta de ellas, salvo que las simplifiquemos hasta el absurdo convirtiéndolas en inexistentes, como solemos hacer con frecuencia. Pero intentémoslo. Yo siempre he sido yo sin pretensión de haber sido igual que otros, ni tan siquiera mejor o peor. Me limitaba a ser yo, con mis aciertos, mis desaciertos, mis frustraciones, mis errores. Muchas, muchísimas veces me perdí en la vorágine de los acontecimientos, de las modas, del comportamiento colectivo que siempre genera una especie de irracionalidad inteligente que parece no requerir justificación alguna. Sin causar conscientemente mal a alguien pude perderme en mis ansias de encontrarme, comprenderme, descifrarme, justificarme y saber a dónde pretendía ir, a dónde debiera ir, y dónde pudiera estar el lugar que me correspondía a pesar de los demás y de mi falta de orientación.
Pude perderme irremisiblemente, suponiendo que esa perdida hubiera significado algo para los demás, y fui rescatado de mi perdida, orientado, confortado y reconducido por una persona determinada; no perdonado, porque mi comportamiento no había causado daño alguno a mi salvador; eso sí, fui redimido sin remisión, que es lo que sólo parece que cuenta en esta balanza de un platillo único.
Asumí la gratitud eterna que merecía tal esfuerzo y asumí, por supuesto, mi culpa, reconociendo claramente mis errores. Asumí, reconocí, y…, no lo hubiera pretendido, pero además dejé…, no tuve más remedio que intentar dejar de ser yo. Lo terrible es que seguía pensando por mi mismo, que es lo peor, y simplemente me quedé allí, perdido, desconcertado, rabiosamente consciente, angustiosamente limitado, ¿felizmente redimido? Me quedé allí hasta hoy. Me quedé en silencio. Me quedé sin protestar, renunciando a mi mismo sin renunciar del todo. Sabiendo que estaba porque no tenia, o creía no tener, más remedio. Me quedé, y aún estoy. Pero sigo pensando; y no, no es que no me de la gana, que eso es o puede ser caprichoso, es que no soy capaz de dejar de pensar, y lo que es aún peor, si quiero redimirme de mi mismo y del todo, es que no debiera ser capaz de hacerlo nunca.
….
Si, si; aquí lo dejo. ¿Quién en su sano juicio es capaz de leer más de una tirada? Yo, que definitivamente y gracias al cielo no soy yo, no soy capaz de seguir por el momento.
¡CONTINUARÁ!…. O a lo mejor no, ¿quién lo sabe?

PD.- Invito a mi alma gemela a que, si se atreve, que debiera atreverse, siga esta reflexión en su segunda parte. El guante ya esté en el suelo.

25 Comments:

Blogger mangeles said...

Uinss que pena...ya no me dá tiempo a leer...que llego tarde al curro...pero estoy deseando volver para leerle amigo Argamenón. Le dejo un besito

11:37 p. m.  
Blogger mangeles said...

Espero que su alma gemela siga si Vd. no sigue...y ha sido un placer conocerle...pero por favor no se meta mucho con mi amigo Argamenon, porque es un tipo estupendo...Y yo me lo he leído de una tirada..y quiero leerlo más despacio porque dice Vd. muchas cosas, y rebotan y botan en la cabeza...

A mi lo de no hay mayor felicidad que no vivir...me parece una gilipollez sinceramente, y con mis respetos al pensador de turno.

Creo haber vivido momentos terribles en mi vida, momentos de angustia y desesperación, y nunca he pensado "que no haber vivido hubiera sido mejor". Tal vez, hay momentos en que uno piensa que la vida no vale la pena, que es mejor morir (y se piensa muchas veces, al menos yo)...pero eso no me hace renunciar al HABER VIVIDO.

Mi amigo Argamenon ya sabe que yo no me hago demasiadas preguntas...yo vivo...y ya está...como quiero unas veces, como puedo otras, como me dejan, segun MIS CIRCUNSTANCIAS, como Vd. dice.

Y me equivoco muchas veces, y cometo errores tontos, o listos, vaya Vd. a saber, que alteran mi vida cotidiana...y ese sentimiento de culpa del que Vd. habla, siempre está presente. Culpa de no saber, culpa de no poder, culpa de estar vivo mientras otros estan muertos, culpa por los que sufren culpa...siempre culpa... Pero yo no rechazo la institución del perdón.
Recuerod un día en que leí como Hugh Grant se quejaba amargamente de que ellos (los protestantes) no tienen la institución del perdón, como la tenemos los católicos... y que eso, eso, era una gran suerte para nosotros. Habrá quien diga que también es una mezquindad, y una falsedad...pero realmente, incluso a los ateos como yo...la institución del perdón le sirve ...y mucho...

Mucho besos...encantada de conocerle...y volveré a leer detenidamente.

Por cierto¿ no se llamará Rafael, Gabriel o Miguel?...lo digo por felicitarle jejee

5:48 a. m.  
Blogger Alphonse Zheimer said...

¡Tenga cuidado Argie!, hay topos, y Mangeles intenta sonsacarle el nombre. Creo que la red ECHELON está detrás, o la ÉCHENLO, que no estoy muy seguro.
Ud. siga siendo Ud. que lo bueno que no diga de sí mismo, ya se encargarán los otros de invertirlo.
"Yo tengo tantos gemelos, que no los puedo contar, en el campo, en la montaña...."
(paráfrasis de una canción de Atahualpa Yupanqui: Yo tengo tantos hermanos...)
Somos efectivamente iguales, pero ya sabe que siempre, unos terminan siendo más iguales. Yo siempre dije que cada día me parezco más a mí mismo, y eso, que pudiera ser tomado en un sesgo peyorativo es la realidad más consistente; a Ud, seguramente le ocurre igual, no se alarme.
ARGAMENÓN es bastante más de lo que Ud. sugiere, aunque cuelgue dos posts juntos.
Aplaudo la iniciativa, extraño a Aníbal.

Creo que me estoy liando

1:49 p. m.  
Blogger mangeles said...

Jajjaa, que fuerte jejejee...ese no le tenía yo controlado ejjejee...buenas fotos.

Y yo también hecho de menos a Anibal y a Calimatias.

Besos de buenos días a TODOS...Argamenon, Aníbal, Calimatias, el otro yo, el Alfonsin y resto de la compañia

11:23 p. m.  
Blogger mangeles said...

Pues yo sigo dando vueltas a la frasecita tonta del filósofo pakistaní (¿no estaría flipando?)...SI LA MAYOR FELICIDAD ES NO HABER NACIDO, Y ALGUIEN QUE NO HA NACIDO NO PUEDE SENTIR FELICIDAD (NI NADA,...NO PUEDE SENTIR NADA)...PUES LA FELICIDAD ES NADA, O NO EXISTE....algo así querrá decir el colega...

Pero claro...también el colega puede ser muy CREYENTE...y si tenemos en cuenta lo que decía una amiga mía (contraria al aborto) de que TODOS LOS SERES HUMANOS MUEREN, PERO NO TODOS NACEN...pues a lo mejor el filósofo, lo que nos está diciendo es que la mayor felicidad está en "PASAR DIRECTAMENTE DEL ÚTERO MATERNO AL ABRAZO DE DIOS"...

Uff...yo casi que ya lo dejo...

Un saludo para Vd. y muchos besos para mi amigo Argamenón.

1:03 p. m.  
Blogger Lúzbel Guerrero said...

A saber lo que había fumado el hechicero, porque era indio ¿no?
Creo que no hablaba de la felicidad, sino que conjuraba un milagro para la pena, y eso ya lo había escrito Fernando Pessoa cuando contaba que a veces: sentía una pena tan honda, que no le bastaba con morir, y apelaba a la dudosa posibilidad de no haber nacido siquiera, para equilibrar la balanza. Es mú aguda Ud, MANGELESKY, me acercaré a ver sis se me pega algo.
ARTRIDA, ¿porqué no raciona?; nos tiene a pan y agua; y de pronto, sin decir ¡agua va!, nos suelta un ladrillo. Virtuoso sí, al punto de que me lo he leído de un tirón y supe que aunque fingía ser otro, era el legendario ARGAMENÓN el que despotricaba del mundo (él incluido)
A mí me gustaría que lo leyera más peña, pero es que Ud. me los acongoja colega. ¿No sabe que la parrilla televisiva está que se sale?; ¿a qué viene esta provocación a la simple ingesta de un buen reality?
¡Sea bueno!, deje que los niños se acerquen a Ud. (luego escogemos)
Ud ya sabe lo que pienso al respecto del yo-yo, prefiero las canicas.

2:00 p. m.  
Blogger Ginebra said...

Una vez leí en un libro de filosofía una frase de un filósofo griego que decía: "El sol tiene un tamaño más pequeño que el dedo gordo de mi pie". Sin duda el menda estaba un día tumbado en el suelo, al solete, levantó un pie, miró, comparó con la bola brillante y pensó "¡Toma ya, pedazo de dedo gordo que tengo y lo chico que es el sol a su lado", y luego pronunció tamaña sandez. O sea, que ser filósofo no te libra de que te patine la neurona de cuando en cuando y sueltes alguna "perla" de la que se descojone luego todo el mundo mundial. Esto por el filósofo ése pakistaní.

La culpa... ¡Ah, la culpa! Qué bonito tema. La culpa, el remordimiento, el perdón, la redención... mmmmm... dependiendo del día me excitan (intelectualmente, no se me confunda, plis), me cabrean muchísimo, o me hacen soltar una sonrisa y pasar olímpicamente y dedicarme a los pasteles de chocolate.

Eso de querer ser único y raro, cuando en realidad todos somos más iguales y normales que la mar... bueno, pues haberse limitado a ser y no haber querido ser "alguien", hombre, esa manía de querer cambiarlo todo por las bravas con lo bien que se cambia por lo suave.

Finalmente (voy a cortar ya porque me salen los pensamientos así como burbujas de jabón, cerraditos y compartimentados) mire qué suerte eso de decir "yo soy ASÍ", con esa seguridad, o sea más que decirlo saberlo. Yo es que soy de todas las maneras posibles, dependiendo del momento, como la luz.

(y continúe, eh)

12:49 a. m.  
Blogger mangeles said...

POr más que lo leo...no acabo de verlo claro...sé como se siente:
" me siento enfadado, agredido, indefenso, supeditado y violentado""...pero por más que leo el escrito y le doy vueltas...NO SÉ POR QUÉ...si es que nos cuenta el por qué se siente así,.....

a no ser porque "LE HAN SALVADO DE SI MISMO , A PESAR DE UD..O LE HAN DADO A SU VIDA APARIENCIA DE SALVACIÓN?"...¿es eso?...

Me parece que tiene Vd. que continuar...porque estoy más perdida que Marco buscando a su madre.

Besos

6:30 a. m.  
Blogger Antón Abad said...

Mangeles: ¿Acaso no conoce Ud. a nuestro amigo?. Lo que ha dicho está muy claro, o no, pero esa no es la cuestión. No le dé más vueltas. Estoy de acuerdo, tiene que continuar, porque disfruto leyéndole, pero no piense que lo tendrá más claro en el epílogo hermana.
La verdadera gracia es ver la pirueta con la que esquivará el penúltimo "más difícil todavía". Ese es nuestro Argamenón el Houdini de la frase que Ud. quiere leer.
¡Soberbio!, aunque un poco largo para mis ojos.

2:43 p. m.  
Blogger mangeles said...

Gracias por sus sabias y misericordiosas explicaciones Santo Santón...y voy a San Google a ver que es un Houdiri de esos, que a mi me suena a marca de coche.

Besos generosos y repartidos

10:31 p. m.  
Blogger argamenon said...

¿Tres personas distintas y un sólo ser verdadero...?
Esto es cada vez más complicado.
Menos mal que Mangeles sigue poniendo su punto de sentido común, y Ginebra su espíritu sentencioso, estoico y prudente, con las gotas necesarias de angostura y gracejo. Menos mal.
Si no fuera por ellas, yo ya ni aparecería por aquí.

11:56 a. m.  
Blogger mangeles said...

Jejeje...se quejará de lo bien que nos lo pasamos en su ausencia Sr. Argamenón, con las largas divagaciones de su suplente...vamos...que yo...con Ginebra, el Santón, el Satan y el Exhibicionista...me lo paso genial...pero es un placer recibirle por aquí... Besos.

12:13 p. m.  
Blogger mangeles said...

Ahhh...y Sr. ARgamenón...no todo el mundo que lee hace comentarios...a mi amigo Luis Sevilla (Poeta) apenas le pone comentarios nadie....y le lee mogollón de gente...a mí siempre se me ocurre una "gilipollez" que poner, aunque no sepa que poner realmente...pero a la gente no le gusta hacer eso...le gusta hacer comentarios serios y si no saben que decir...o tienen dudas...pues no dicen nada....es lo más lógico, y lo más normal...LO MÍO ES OTRA COSA...ejjee

12:23 p. m.  
Blogger tequila said...

puede un salvador" querer que alguien se quede a su lado siendo otro?, es esa una prueba de agradecimiento? si realmente se hace algo por otro no debería quedarse uno cerca al terminar, no debería dejarse recompensar... salvo que la recompensa y lo que lo motivó fuera el disfrute de la gratitud eterna...
dejó de ser usted? dejaría de hacer ciertas cosas, o fingiría gustos distintos pero si no dejó de pensar?... me recordó "1984"
bueno esperaremos la réplica.
Saludos al genuino y a los clones

12:36 p. m.  
Blogger Osvaldo Michelon said...

Vengo para desterrar el mito de la trinidad, y para decirle que Mangeles y Ginebra son enviadas también por LA EMPRESA para poner el contrapunto amable. Veo que han hecho muy bien su misión, hasta el punto de que su presencia le retiene entre nosotros. Además de subirles el sueldo, les impondremos nuestra máxima distinción.

3:24 p. m.  
Blogger mangeles said...

Gracias Jefe...pero no sé Ginebra, pero yo en vez de la condecoración (que luego hay que limpiarla y sacarla brillo) prefiero unas vacaciones pagadas en New York...si no es mucho pedir...Mis respetuosos saludos

10:30 p. m.  
Blogger Ginebra said...

Pues sí, mangeles, y si no pueden ser unas vacaciones, al menos que sea un jamón de Jabugo.

1:36 a. m.  
Blogger mangeles said...

A lo del jamón de jabugo también me apunto...y el Argamenón que ponga el vino...

9:13 a. m.  
Blogger mangeles said...

¿ Qué pasa....está todo el mundo en misa....ya nadie tiene náaa que decir?

6:04 a. m.  
Blogger Lúzbel Guerrero said...

¡Yo sí MANGELESKY, mire, mire (y oiga)
¡¡PLÍÑ!!

ARTRIDA , está muy apático, con todas las provocaciones que he leído ya debería haber dado algún que otro revolcón orlado de elogios a los intrusos

8:48 a. m.  
Blogger mangeles said...

ahhh ya puedo comentar....que no me funciona la tecla de alt gr...y no sabía que con ctrl alt también sale la arroba....ME ENCANTA COMO SUENA SU PLIÑÑÑÑ SEÑOR DE LAS TINIEBLAS....bESOS A TOD@S

1:23 p. m.  
Blogger mangeles said...

Y a vd. le gusta mi Jardín de la CAIXA en Madrid??? Millones de besos amigo

9:42 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Hola...para que no se vean tantos angelotes besucones...vengo de anónimo ejjejee

1:35 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Hola...para que no se vean tantos angelotes besucones...vengo de anónimo ejjejee

1:35 p. m.  
Blogger Umma1 said...

un alma gemela sería como uno en el nverso y reverso) clonado en otra parte?

Qué aburrido deprtir con un alma gemela, como Eco...

Dispara Ud. tantos temas, amigo, que si me permite, mis pensamientos eran por fragmentos.

Lo del filósofo paquistaní, me parece coherente con un forma de comprender la vida como una evolución hacia el estado gozoso de la nada.

No hay un empeño en comprender el deseo como un enemigo de nuestra perfección. Entonces, en la nada del no ncimiento, estaría la perfección del no deseo.

Como soy muy occidental, lo pienso exacamente al revés, y a mi manera.


"Yo soy yo y mis circunstancias. Mis circunstancias son mías y me configuran para bien y para mal. Pero mis circunstancias forman parte de mi mismo a pesar de mí y a pesar de que sean simplemente temporales, circunstanciales, incluso algunas ajenas. Cuando son utilizadas por los demás para arrinconarme, supeditarme y condicionarme ya son otra cosa. Entonces se convierten en armas arrojadizas utilizadas de mala fe capaces, muy capaces, de destrozarme no por si mismas, que como los fantasmas interiores hay que reconducirlos y domesticarlos, sino porque ya no son lo que fueron y adquieren entidad y carta de naturaleza por si mismas."

Dice uds, lo nterior. Pero, las circunstancias no pueden ser domeñdas?
No cambidas, porque no me creo eso de la libertad, pero si atenuadas hasta el punto mismo de lo soportables.

Y cuando ellas, son arrojadas´, por otros, como un dardo. Como una maligna manipulación, aunque se presenten como sabidurías desinteresadas. Cuando el dardo se dispara, dónde está uno?

Porqué no corrre el cuerpo, para que no lo toque. Y porqué permitió al otro tensar el arco?

Por las circunstancias que determinan? O un movimiento de acomodación sofocado a los esfuerzos?

Fuertes interrogantes, que no dan treguanos traes.

7:27 a. m.  

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